Microquimerismo fetal: El lazo innegable madre-hijo.

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A lo largo de la historia humana el lazo entre madres e hijos ha sido reconocido como algo obvio y casi inevitable. Madres de todos colores y orígenes son capaces de ir a extremos con tal de proteger a sus pequeños y más de uno alzará la cejas si una madre decide no cuidar de su recién nacido. Si bien factores morales y sociales tienen una influencia, la ciencia ha demostrado que ciertos cambios en el cerebro materno están ligados a la formación de esta casi irrompible unión.

Un factor que podría ser responsable de parte estos cambios funcionales es el microquimerismo fetal, o la presencia de células del feto en el cerebro materno. Microquimerismo significa la presencia de algunas células que son genéticamente diferentes en un organismo que por lo demás tiene todas las células propias1. En términos simples, microquimerismo es tener células de alguien más mezcladas con nuestras propias células. En el caso de madres e hijos de animales con placenta, desde la década de 19702 se ha descrito que células del feto pueden pasar al torrente sanguíneo materno y acumularse en varios órganos. El sistema es bidireccional3, indicando que células de la madre pueden pasar al feto y acumularse en su sistema. Si bien este fenómeno se ha visto en varias especies, incluyendo primates no humanos, perros, vacas y ratones1,3, la razón de este intercambio celular y sus consecuencias específicas aún no se comprenden.

En el caso humano, la cantidad de células fetales encontradas en muestras sanguíneas de la madre incrementa conforme el embarazo progresa3. En el segundo trimestre es posible ver hasta 2 o 3 células fetales por cada mililitro de sangre en una muestra, cantidad que decae rápidamente post parto hasta dejar una concentración mínima. Esto no ocurre igual en todas las mujeres embarazadas. La mera presencia de células fetales tiene una prevalencia entre el 23 y el 64% del total de mujeres en diferentes grupos que han sido estudiados2. Análisis de mujeres de diferentes edades ha indicado que cuando las células fetales son encontradas, pueden persistir dentro de los órganos maternos por décadas, siendo la muestra más sobresaliente la de una mujer de 94 años4 en quien se demostró la presencia de células fetales en el cerebro.

La pregunta obvia es cuál es la utilidad de este intercambio materno-fetal. A diferencia de las células especializadas de cada órgano de un adulto, las células fetales son pluripotenciales (como las famosas células madre), lo que significa que tienen la capacidad de diferenciarse en cualquier otro tipo celular, como células endoteliales, neuronas, cardiomiocitos o células de músculo liso3. Esto quiere decir que cuando las células fetales pasan a la circulación materna y se anidad en algún órgano de la mujer, pueden diferenciarse en el tipo de célula de ése órgano e integrarse a él. Esta capacidad de las células fetales ha sido relacionada con cambios en la madre que favorecen la supervivencia del recién nacido. Por ejemplo, la presencia de células fetales en mama de mujeres post parto – en donde las células fetales se integran al estroma mamario – favorece la producción de leche, lo que provee de más nutrientes al nuevo bebé2,3. Así mismo, las células fetales son atraídas a áreas de lesión de una mujer post parto, en donde favorecen procesos de cicatrización como en el caso de una cirugía cesárea3. Esta aparente ayuda a la madre actúa en beneficio del recién nacido, pues favorece un mejor cuidado materno.

Las células fetales han demostrado tener efectos benéficos incluso en casos que podrían parecen extremos, como el del cáncer mamario. En un reciente estudio se demostró que mujeres que presentaron cáncer de mama varios años después de su último embarazo la concentración de células fetales en mama era menor que la de mujeres sanas de la misma edad2. Específicamente, tan sólo 11 a 26% de las mujeres que desarrollaron cáncer presentaban células fetales en mama, mientras que éstas se encontraron en 48 a 56% de las mujeres sanas. Desafortunadamente, análisis posteriores en otros grupos de pacientes con cáncer de mama, reveló que el efecto benéfico sólo se presenta en ciertos tipos de tumores y demostró que algunos tipos de cáncer mamario presentan el efecto contrario: mayores concentraciones de células fetales se asocian con un riesgo mayor de desarrollo cancerígeno3.

El caso de cáncer de mama no es el único que ha demostrado consecuencias negativas relacionadas con la presencia de células fetales. Múltiples enfermedades autoinmunes se han relacionado con una concentración elevada de estas células en tejido materno, siendo los ejemplos más comunes tiroiditis de Hashimoto, enfermedad de Graves-Basedow, episodios de lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide y Esclerosis Múltiple5. Al parecer, el grado de consecuencias positivas y negativas se relaciona con la capacidad de sistema inmunológico materno de contrarrestar la invasión por parte de la células fetales1. Una vez que el embarazo concluye, la madre comienza a eliminar la células fetales3 en un proceso que difiere de mujer a mujer. Las células fetales pueden responder a este proceso de eliminación incrementando su proliferación o destruyendo al sistema inmune materno3,5. El mecanismo exacto es desconocido, pero el resultado en cualquier caso es la supervivencia de cierto número de células fetales en tejidos materno. Si dichas células se integran al tejido, las consecuencias pueden ser positivas, como en el caso de la regeneración post lesión más efectiva. Sin embargo, si las células fetales son reconocidas como agentes extraños continuamente, favorecen una inflamación sostenida1. Las células fetales son similares a las células maternas en al menos la mitad de su configuración genética (la otra mitad es paterna), por lo que el sistema inmune de la madre montará una respuesta inflamatoria en contra de células similares a las propias3. En el peor de los casos, la respuesta se extenderá a células que definitivamente pertenecen a la madre y originarán una enfermedad autoinmune. Análisis estadísticos que demuestran un incremento en el riesgo de enfermedades autoinmunes durante el primer año post parto y en grupos de mujeres con alta paridad apoyan estas conclusiones.

Los resultados contradictorios son aún más interesantes cuando se considera que la células fetales podrían integrarse en el cerebro. En 2012, un estudio analizó la presencia de material genético masculino (en particular el gen DYS14 ligado exclusivamente al cromosoma Y) en cerebros de mujeres sanas o con enfermedad de Alzheimer4. Los resultados sugirieron microquimerismo fetal en múltiples áreas cerebrales en ambos grupos, sin embargo, la concentración de células fetales fue mayor en el grupo de pacientes sanos. El significado de este resultado aún no ha sido determinado, sin embargo es posible que las células fetales apoyen mecanismos de reparación cerebral, retardando la aparición de daños relacionados con ciertos tipos de demencias. Análisis en modelos murinos, demostraron que la células fetales se diferencian en múltiples tipos de células cerebrales, incluyendo células gliales y neuronas, que se integran a los circuitos ya existentes y posiblemente actúan en conjunto con mecanismo locales para reparar pequeñas lesiones relacionadas con la edad u otros procesos patológicos1,4. La reducción en riesgo de cáncer cerebral en mujeres multíparas podría explicarse por este fenómeno3.

Desgraciadamente, el cerebro no escapa los resultados paradójicos que se han visto en otros órganos. Las células fetales se han encontrado en mayor concentración en el caso de pacientes con enfermedad de Parkinson, lo que sugiere que podrían colaborar con el procesos inflamatorio que se relaciona con el progreso de esta enfermedad3. Dicha inflamación favorecida por las células fetales podría estar también relacionada con casos de depresión post parto, cuestionando aún más el beneficio de la influencia fetal sobre la madre.

Los resultados positivos y negativos son sólo uno de los misterios del microquimerismo fetal. Los estudios actuales se han basado en la presencia de material genético masculino ya que es relativamente sencillo diferenciarlo del material genético femenino materno. Sin embargo, esto ha limitado muchas de las observaciones hasta que existan mejores técnicas por las que todo tipo de material fetal sea identificable. En el mismo sentido, dado que el intercambio celular es bidireccional, una persona posee células de su madre, lo que podría afectar la interacción con células de futuros hijos. Estudios han mostrado una batalla entre células de la abuela y células del futuro hijo dentro del sistema materno6. Ciertos casos en donde la inflamación ocurre de forma descontrolado podrían ser explicados por este fenómeno. Para agregar un grado de complicación, puede existir transmisión celular entre gemelos in útero y entre hermanos mayores a menores a través de las células que los mayores han dejado en la madre. En cualquier caso, la utilidad de la células fetales aún está en debate. Si bien tendría sentido evolutivo que dichas células actuaran para beneficio de los hijos, los efectos en el comportamiento de la madre aún no se comprenden en su totalidad. Más significativo todavía, la razón por la que las células fetales tiene efectos funcionales positivos o negativos aún tiene que ser explorada.

Como última nota, lo que sabemos hasta ahora del microquimerismo fetal es tan sólo la punta de un gran iceberg. Si entendemos este tipo de interacciones podremos explicar mejor la relación madre-hijo y parte del efecto que hermanos y abuelos tienen en cada uno de nosotros. Al final, fenómenos naturales podrán dar luz al mecanismo detrás de la complejidad en las interacciones humanas y nos acercarán un poco más a entender nuestra naturaleza.

 

 

 

Referencias:

  1. Martone, R. 2012. Scientist Discover Children’s Cells Living in Mothers’ Brains. Scientific American online.
  2. Lee, E., Bou-Gharios, G., Seppanen, E., Khosrotehrani, K., Fisk, NM. 2010. Fetal stem cell michochimerims: natural-born healers of killers?. Molecular Human Reproduction, 16(11); 869-878.
  3. Boddy, AM., Fortunato, A., Wilson, M., Aktipis, A. 2015. Fetal microchimerism and maternal health: A review and evolutionary analysis of cooperation and conflict beyond the womb. Bioessays, 37;1106-1118.
  4. Chan, WF., Gurnot, C., Montine, TJ., Sonnen, JA., Guthrie, KA., Nelson, L. 2012. Male microchimerism in the human female brain. Plos One, 7(9); e45592.
  5. Miech, RP. 2010. The role of fetal microchimerism in autoimmune disease. Int J Clin Exp Med, 3(2); 164-168.
  6. Gammill, HS., Guthrie, KA., Aydelotte, TM., Adams, KM., Nelson, L. 2010. Effect of parity on fetal and maternal microchimerism: interaction of grafts within a host?. Blood, 116(15); 2706-2712.
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Andrea Soto Padilla

Editora Co-Fundadora de NeuroMéxico. Soy estudiante de doctorado en la Universidad de Groningen (pronunciado “groninguen”), RuG, en Holanda. Busco el mecanismo detrás de la percepción temporal en el rango de segundos a minutos, importante para la toma de decisions y el aprendizaje. Previamente me gradué en Medicina en la UNAM e hice una maestría en Neurociencias Cognitivas y del Comportamiento en la RuG. Fuera del horario laboral me dedico a otros proyectos universitarios para motivar el interés del público en nuestro trabajo y a convencer a voluntarios en varias campañas tratando de mejorar el mundo.

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