¿Qué se siente ver tu propio cerebro?

En el transcurso de mi doctorado, he escaneado más de 50 cerebros de adolescentes y adultos. Con la ayuda de la computadora, puedo jugar con esos cerebros y los pixeles que los componen. Puedo ver diferentes ángulos y diferentes cortes, rotarlos y ampliarlos.

Hoy, como todos los días, estoy jugando con un cerebro (las obligaciones de esta vida adulta), pero hoy es diferente. El patrón de grises que me saluda desde el monitor es mi propio cerebro, reconstruido con imágenes estructurales de resonancia magnética obtenidas después de alinear y desalinear con un imán poderosísimo los átomos de agua de los que estoy hecha (o estuve hecha durante esos 5 minutos, porque probablemente, muchos de esos átomos ya no son yo y hoy, momentáneamente, pueden ser tú).

brain

Esta es la segunda vez que me practico un estudio como este. La primera vez, por motivos diagnósticos (todo salió bien, no se preocupen) fue una experiencia bastante desagradable. Fue hace 10 años, cuando yo empezaba a estudiar medicina, y no entendía ni cómo funcionaba el cerebro ni el resonador. De todas maneras, me pareció fascinante ver fotos de mi cerebro en ese momento, y, sobretodo, reconfortante saber que todo estaba bien.

Diez años después entré al resonador como voluntaria para un experimento, con una mucho mejor (aunque todavía incompleta) compresión de qué estaba pasando. Mucho más relajada que la vez anterior, disfruté mucho el proceso. Estar dentro del tubo del resonador con el entendimiento de qué está pasando es una sensación extraña (¿quizá la sensación de un astronauta dentro del cohete?). Durante 5 minutos yaces en un campo magnético muy potente muy consciente de tu ser y tus pensamientos, mientras que los pulsos electromagnéticos traspasan tu cráneo y hacen vibrar tus hidrógenos. Las antenas que te rodean recopilan la información de cómo se comportan tus átomos y lo traducen a una imagen reconstruyendo las circunvoluciones y surcos de la corteza cerebral (¡mi propia corteza cerebral!). Todo por arte de ciencia, ya que la resonancia magnética, como tantos otros descubrimientos, es el resultado de una conjunción del esfuerzo, la creatividad y el ingenio de un sinnúmero de científicos y científicas.

Al ver mi cerebro me invade una mezcla de sensaciones: vulnerabilidad y poder al mismo tiempo. Es difícil reconciliar la experiencia subjetiva de ser yo, de tener una mente, con la objetividad y tangibilidad de esa materia gris y blanca, a pesar de estar convencida, como neurocientífica, de que mente y cerebro son lo mismo. ¿Esa soy yo? Me pregunto, le pregunto, a mi cerebro. Sí, ¡esa eres tú! ¡Esa soy yo!  Esa materia cerebral, en sus monótonos grises, blancos y negros que ahora mismo estoy rotando e inspeccionando, es la responsable, después de procesar la información del ambiente que la rodea, de todas las sensaciones y experiencias Technicolor que he tenido y tendré, incluyendo la extrañeza que ahora describo.

En la cotidianidad del laboratorio es fácil olvidarse de lo extraordinario y sobrecogedor que resulta el cerebro humano. Hoy me reconecto con la grandeza de nuestro cerebro y nuestro cuerpo y nuestra naturaleza y con la fascinación de saber que la ciencia nos permite desmenuzarla y llegar hasta sus átomos más profundos para entenderla y entendernos cada día un poco más.

 

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Lucía Magis Weinberg

Editora Ejecutiva y Co-Fundadora de NeuroMéxico. Estoy haciendo mi doctorado en Neurociencias Cognitivas en el University College London (UCL) estudiando cómo cambia el cerebro y la conducta durante la adolescencia. Me gradué de Medicina en la UNAM, hice una maestría en Neurociencias Cognitivas en UCL, donde estudié cómo los adolescentes perciben el riesgo. Además del laboratorio, me encanta estar en el Science Museum o hacer stand-up comedy sobre ciencia en algún pub inglés.

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  1. Felicidades Dra. La Neuroimagen en todo su esplendor. Vivimos días de cambio y Revolución científica. Saludos desde México.

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